~Dadme las manos, chicas~
NARRA BELA
Nos pasamos todo el viaje cantando hasta que llegamos al aeropuerto; salimos, cogimos las maletas con la ayuda de Sonia y entramos a buscar a Diego y los demás. Le dije a Sandra que mirara la hora, eran las 07:02; llegábamos a tiempo. Sonia nos fue guiando por distintos sitios diciendo cosas como "Seguro que están por aquí, seguidme que yo se de esto."
Mientras seguíamos a Sonia alguien nos llamó desde atrás a Sandra y a mi, al principio nos miramos extrañadas, pero después nos dimos la vuelta. Eran Marta y Nadia, estaban con todo el equipaje, corriendo hacia nosotras, y el padre de Nadia por detrás de ellas.
Nosotras nos acercamos a ellas mientras que Sonia seguía parloteando sobre su sentido de la orientación.
Sandra: ¡Chicaaaaaaas! -dejó caer las maletas y les abrazó-
Marta: ¿Que tal estáis troncas? -dijo ilusionada y quitándose los pelos de la cara-
Yo: Joder, de puta madre, ¡no se puede estar mejor!
Nadia: ¡Que razón chaval! Siento un cosquilleo que buaaa.
Seguimos hablando de cosas como todas las maletas que llevábamos y demás. Mientras Mario y Sonia hablaban de que estábamos muy ilusionadas todas y que parecíamos 4 locas sin control. En ese momento escuchamos como un grupo hablaba muy alto, miramos; eran los de nuestra clase con Diego. Avisamos a los adultos y fuimos todos. Bueno, nosotras corriendo, ellos andando.
NARRA NADIA
Que raro que no nos tropezaríamos con alguna maleta, íbamos corriendo como locas y seguíamos en pie, increíble. Al llegar saludamos a todos, estaban tan emocionados como nosotras. Mi padre y la madre de Sandra estuvieron hablando con Diego de no sé que; mientras hablábamos con los demás de que planes tenían al ir a Londres y tal.
Diego al rato vino a donde nosotras y nos pidió todo: el papel firmado con permiso para ir, haber si teníamos el dinero, el pasaporte el DNI,... etc. Todo estaba en orden, el ya sabía que ninguna fumábamos, así que nos ahorramos tiempo.
Nos encaminamos hasta donde unas chicas nos pedían el pasaporte y demás, Sonia y mi padre nos acompañaron. Ningún problema para el tema del papeleo. Después llegamos a que revisaran el equipaje, pusimos cada uno sus maletas sobre la máquina respetando los turnos y esperando a el resto. Tampoco nadie tubo problemas para ello. Diego estaba constantemente dándonos instrucciones de todo, resultaba algo pesado, pero necesario.
NARRA MARTA
No nos dimos cuenta pero ya eran las 9 de la mañana, faltaba una hora para nuestro vuelo. Nos fuimos a sentar después de pasar todo lo necesario, la seguridad y demás. Teníamos cerca máquinas de refrescos y bollos, pero no teníamos mucha hambre.
Diego estaba hablando con un hombre y una mujer que iban con unos buzos azules muy oscuros, parecían una especie de policías. Se acercaron a todos nosotros y Diego nos los presentó; eran los que te explican todo lo que hay que hacer y lo que no en una avión, eran los de seguridad, si. La chapa duró casi una hora; menudo aburrimiento, pero necesitábamos toda esa información.
Desde que los de seguridad se fueron Diego empezó a hablarnos en Inglés, dijo que nos vendría bien para el viaje.
Faltaban 15, sólo un cuarto de hora y nos íbamos directos al avión, ¡madre mía! A todos se les notaba el nerviosismo por el vuelo, pero creo que a las chicas y a mi a las que más. Como nos quedaba poco tiempo nos fuimos todos hasta la salida, nos despedimos de Mario y Sonia; y Bela y yo llamamos por teléfono a nuestros padres.
NARRA SANDRA
Llegó al hora y tuvimos que marcharnos, echaríamos mucho de menos a nuestros padres; pero les prometimos que les llamaríamos con mucha frecuencia. Los trabajadores del aeropuerto se encargaron de todo nuestro equipaje mientras nosotros no dispusimos a subir al avión. Desde pequeña me daba cague ir en avión, porque siempre pensaba que se estrellaría y me moriría por ello; nunca monté en avión, y para ser la primera vez, era la mejor.
Una de las azafatas nos indicó donde podíamos sentarnos, los asientos venían de 4 en 4, así que las chicas y yo nos rápidamente en unos asientos cerca de la puerta. Yo me puse a la ventana, siempre quise saber que se sentía al mirar por la ventana de una avión; para ver si es cierto de eso que dicen de que te sientes diminuto. Íbamos de derecha a izquierda: yo, Marta, Bela y Nadia.
La gente tardó mucho en subirse y estuvimos bastante tiempo esperando y hablando con otros de clase mientras que Diego pasaba lista como podía. En ese momento entraron el resto de profesores, Marga la de sociales y Luisa, la de Arte. Entonces comprendí, claro; venimos a estudiar con Diego el Inglés, con Marga la historia de Londres y con Luisa la arquitectura y el arte de los edificios.
Me cansé un poco, me sentía un poco agobiada y empecé a mirar por la ventanilla hasta que nos advirtieron de que en breve despegaríamos. Todos estábamos nerviosos, no sabíamos que hacer, pero no montamos barullo ni nada. Algunos se levantaban como si estuvieran en un autobús y Diego les tuvo que llamar la atención, pero nada más.
Las azafatas comprobaron que todo tenían los cinturones puestos porque íbamos a despegar ya. Noté como un cosquilleo recorría por mi espalda sin parar, las chicas y yo nos cogimos de las manos juntas. El avión comenzó a moverse y a avanzar, cada vez con más velocidad; por ello cada vez nos apretábamos más y más fuerte las manos. Hasta que ascendimos, sentí como me pasaba algo raro en la tripa y subía y bajaba por todos los sitios de mi cuerpo; en el momento en el que el avión dejó de tocar el suelo nos apretamos las manos más fuerte que nunca y cerré los ojos mientras sonreía con fuerza.
Diego al rato vino a donde nosotras y nos pidió todo: el papel firmado con permiso para ir, haber si teníamos el dinero, el pasaporte el DNI,... etc. Todo estaba en orden, el ya sabía que ninguna fumábamos, así que nos ahorramos tiempo.
Nos encaminamos hasta donde unas chicas nos pedían el pasaporte y demás, Sonia y mi padre nos acompañaron. Ningún problema para el tema del papeleo. Después llegamos a que revisaran el equipaje, pusimos cada uno sus maletas sobre la máquina respetando los turnos y esperando a el resto. Tampoco nadie tubo problemas para ello. Diego estaba constantemente dándonos instrucciones de todo, resultaba algo pesado, pero necesario.
NARRA MARTA
No nos dimos cuenta pero ya eran las 9 de la mañana, faltaba una hora para nuestro vuelo. Nos fuimos a sentar después de pasar todo lo necesario, la seguridad y demás. Teníamos cerca máquinas de refrescos y bollos, pero no teníamos mucha hambre.
Diego estaba hablando con un hombre y una mujer que iban con unos buzos azules muy oscuros, parecían una especie de policías. Se acercaron a todos nosotros y Diego nos los presentó; eran los que te explican todo lo que hay que hacer y lo que no en una avión, eran los de seguridad, si. La chapa duró casi una hora; menudo aburrimiento, pero necesitábamos toda esa información.
Desde que los de seguridad se fueron Diego empezó a hablarnos en Inglés, dijo que nos vendría bien para el viaje.
Faltaban 15, sólo un cuarto de hora y nos íbamos directos al avión, ¡madre mía! A todos se les notaba el nerviosismo por el vuelo, pero creo que a las chicas y a mi a las que más. Como nos quedaba poco tiempo nos fuimos todos hasta la salida, nos despedimos de Mario y Sonia; y Bela y yo llamamos por teléfono a nuestros padres.
NARRA SANDRA
Llegó al hora y tuvimos que marcharnos, echaríamos mucho de menos a nuestros padres; pero les prometimos que les llamaríamos con mucha frecuencia. Los trabajadores del aeropuerto se encargaron de todo nuestro equipaje mientras nosotros no dispusimos a subir al avión. Desde pequeña me daba cague ir en avión, porque siempre pensaba que se estrellaría y me moriría por ello; nunca monté en avión, y para ser la primera vez, era la mejor.
Una de las azafatas nos indicó donde podíamos sentarnos, los asientos venían de 4 en 4, así que las chicas y yo nos rápidamente en unos asientos cerca de la puerta. Yo me puse a la ventana, siempre quise saber que se sentía al mirar por la ventana de una avión; para ver si es cierto de eso que dicen de que te sientes diminuto. Íbamos de derecha a izquierda: yo, Marta, Bela y Nadia.
La gente tardó mucho en subirse y estuvimos bastante tiempo esperando y hablando con otros de clase mientras que Diego pasaba lista como podía. En ese momento entraron el resto de profesores, Marga la de sociales y Luisa, la de Arte. Entonces comprendí, claro; venimos a estudiar con Diego el Inglés, con Marga la historia de Londres y con Luisa la arquitectura y el arte de los edificios.
Me cansé un poco, me sentía un poco agobiada y empecé a mirar por la ventanilla hasta que nos advirtieron de que en breve despegaríamos. Todos estábamos nerviosos, no sabíamos que hacer, pero no montamos barullo ni nada. Algunos se levantaban como si estuvieran en un autobús y Diego les tuvo que llamar la atención, pero nada más.
Las azafatas comprobaron que todo tenían los cinturones puestos porque íbamos a despegar ya. Noté como un cosquilleo recorría por mi espalda sin parar, las chicas y yo nos cogimos de las manos juntas. El avión comenzó a moverse y a avanzar, cada vez con más velocidad; por ello cada vez nos apretábamos más y más fuerte las manos. Hasta que ascendimos, sentí como me pasaba algo raro en la tripa y subía y bajaba por todos los sitios de mi cuerpo; en el momento en el que el avión dejó de tocar el suelo nos apretamos las manos más fuerte que nunca y cerré los ojos mientras sonreía con fuerza.

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